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Mostrando las entradas de julio, 2022

Contra reloj

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Los hechos y personas de este relato son pura ficción y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. 19:04 La cena. Viernes. En la plaza comían una hamburguesa con papas a la francesa. Los cuatro personajes que estaban sentados eran tres hombres y una mujer. Al parecer de unos 17 o 18 años, universitarios de reciente ingreso. Platicaban acaloradamente sobre el pasado fraude electoral en su ciudad, donde el partido en el poder había falsificado las actas de votación dando como resultado una participación de casi el 90% del padrón electoral que el mismo gobierno integraba. -No hay otra opción que iniciar la lucha en las calles- decía uno de ellos. -Sí, pero evitando desmanes y desórdenes- decía ella. -Pero si no tenemos ni para pagar las hamburguesas- dijo otro del grupo, -¿cómo vamos a juntar gente, volantes o lo que sea para denunciar el fraude?-. Así arreglaban el mundo, sin que el mundo se enterará de sus arreglos. Al final de la cena, se despidieron y cada uno se fue par...

Un rosario con Don Miguel

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Salió tarde de dar clases, como de costumbre, por responder preguntas al final. Vestido con el uniforme de Boy Scout, un poco retro pues usaba calcetas blancas sobre las azules y botas negras cortas. Boina roja un poco ladeada, pañoleta con el clásico nudo turco hecho de tiras de cuero oscuro. Del lado derecho de la camisola gris la flor de lis. Al vernos sonrió con amabilidad y sin más palabras lo seguimos hasta la camioneta pick up Chevrolet 1978 con cabina en la batea. Subimos las mochilas y nos instalamos en los asientos de la cabina del conductor. Don Miguel subió a la camioneta y sin más arrancó y nos fuimos directo al “Valle del Conejo”. Llevábamos una lámpara colemman de gasolina blanca, algo de comida como jugos y leche de bote, cereales, galletas, un cartón de huevos, bombones para la fogata y algunas cosas más que las Guías no se habían llevado para no cargarlas durante la caminata que tenían que hacer desde la parada del camión hasta el punto de acampado. Al salir de Puebl...

El que avisa no traiciona

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El operativo comenzó a las 9 de la noche en la caseta de San Martín Texmelucan. Los agentes de migración detenían los autobuses para verificar si llevaban extranjeros ilegales a la Ciudad de México y de ahí seguir su camino a Estados Unidos. Por eso detenían más a los que venían de Veracruz o Tabasco y a los que fueran directo a la Central del Norte del Distrito Federal. En la noche, con la lluvia cayendo leve pero constante, las linternas con estrobo hacían la parada a los autobuses. No todos se detenían, y en ese caso eran alcanzados por la patrulla de la Federal de Caminos y, ahora sí, que Dios los agarre confesados. Jorge y Lidia se hicieron cargo de un grupo cada uno. Al ver un autobús que viajaba de Mérida a la Ciudad de México corrió Jorge antes de que tomara velocidad después de pagar la caseta y le hizo señas para que se detuviera. Con sus casi 1.90 metros de alto, lentes de botella, chamarra y gorra azules con el logotipo del INM imponía respeto por su actitud decidida como s...

Literalmente muerto de frío

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"Nadie vive en vano, si vivimos para el Señor vivimos, si morimos, para el Señor morimos" Don Albino murió, literalmente, de frío. Su habitación de apenas unos 6 metros cuadrados no tiene ni adornos ni lujos. Solo un calentón de leña, una cama con algunas cobijas de cuadritos, un buró donde caben todas sus pertenencias. Sus perros, que siempre lo seguían, dormían afuera o a veces adentro, dándole calor. La puerta de su casita era de las que se abren con una hoja por arriba y otra por abajo y se pueden cerrar por dentro y por fuera. A la orilla del pueblo, de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua, rumbo a la Colonia Obrera, su calle es lodosa y se llega con dificultad. Yo lo conocí cuando viví en casa del Obispo de Nuevo Casas Grandes, Don Hilario Chávez Joya, q.e.d., durante mi año de misionero en esa ciudad, como seminarista de los Cruzados de Cristo Rey. Estuve ahí de julio de 1985 a julio de 1986. Don Albino, como todos lo conocimos, era un viejito sucio, delgado, de nariz recta...

El obispo bueno

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  " Tú ve y confirma en la fe a tus hermanos" Una comida en Pancho Villa.  Llegas por ahí de las once de la mañana al Pueblo de Pancho Villa. La vía del tren se extiende larguísima sobre una tierra desierta de árboles, árida y seca. El sol cae como plomo y el cielo es azul claro sin nubes. En el Dart K blanco llegamos a la Capillita del Pueblo. Como otras construcciones está hecha con muros de adobe y techos de madera. El altar es apenas una mesa cubierta de un mantel blanco con un bordado de un pez. La gente ya esperaba. Las mujeres y los niños adentro y los hombres afuera. Al vernos llegar la sacristana tocó la campana para avisar que daría comienzo la misa. Ya dentro, una niña con guitarra era todo el coro. De pie, hasta delante, un grupo de unas 3 niñas y dos niños, vestidos de blanco, esperan para recibir la primera comunión. Atrás de ellos, están las dos parejas que se van a casar. Una pareja de unos diecisiete años y la otra de más de venticinco años de casados. El obi...

La noche que soñé mi muerte

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  Desesperado, gritando, veía correr gente de un lado a otro. Yo, en medio del tiroteo, tirado en el suelo, cubierto tras un tronco caído, intentaba librarme de las balas. Al frente, un grupo de hombres y mujeres enfurecidos gritaban desaforados: ¡robo! ¡traición! ¡ratas! ¡cabrones!. Del lado opuesto, otro grupo apuntaba con sus armas, recibían las injurias sin inmutarse. De pronto uno de ellos gritó: ¡chínguense pendejos! y abrieron fuego. Las balas pasaban sobre mi cabeza, asustado y sin poder correr, solo veía como caían heridos o muertos, entre gritos y llanto, los opositores al gobierno. Hombres manchados de sangre con el rostro descompuesto, mujeres mutiladas por las balas expansivas sin brazos u otra parte del cuerpo, niños sin vida sucios por el polvo en brazos de alguien. Todo era confusión, ira, rabia, rencor. Las balas seguían pasando sobre mi cabeza, cientos, miles. De pronto, como en un acceso de locura, me puse en pie. En un instante percibí mi muerte. Ahí, parado ent...

120 kilómetros por hora

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  El coche corría a unos ciento veinte kilómetros por hora, de bajada, sobre pavimento mojado. Atrás, una camioneta de tres toneladas intentaba rebasar por la derecha. A un lado, otro coche pasaba salpicando el agua de la carretera mojada. La aguja subía. Ciento diez kilómetros por hora, luego ciento veinte kilómetros por hora. Adelante un puente que cruzaba la carretera y la cuneta del lado izquierdo. Las manos firmes en el volante, sudorosas. Las piernas tensas pisando el acelerador y tocando suavemente el clutch. La mano derecha subía y bajaba nerviosa de la palanca de velocidades al volante y al limpiador del parabrisas. El silencio pesaba como una roca, todos tensos mirándome. Cada gesto, cada mueca, cada movimiento delataba la situación. Sin frenos, el coche seguía corriendo, esperando una subida para disminuir su velocidad y, tal vez, frenar con motor. De pronto todo se nubló, el vapor entró por el panel de control oliendo a anticongelante. La visibilidad nula. El radiador d...

Negocios que no son negocio

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  Los hechos y los personajes que aquí se cuentan son pura fantasía. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia. El conecte. En la mesa estaban sentados Germán, amigo de Gonzalo, Jesús la gente del Partido y yo. Esperábamos a que llegara el Dr. Juan Carlos, el comprador. La cita era a las 7 pm y ya eran las 6:55. Como nadie quería pagar el café, todos dijimos que esperábamos a otra persona. Cuando llegó Juan Carlos, a las 7 en punto, ya no hubo pretexto. "Cada uno un americano, por favor". Después de las concebidas presentaciones, Jesús fue al grano: "para la campaña se necesitan 100 millones de playeras campañeras para entregar en 2 meses, de algodón, de 100 gramos por metro, con doble costura y cuello redondo. El Doctor es el encargado de la compra y quiere ver si podemos surtir el pedido". Habló entonces el Doctor: "somos un grupo, a partidista, que hacemos negocios; estamos en el grupo el hijo del Ingeniero Salim, uno de los yernos de Don Manu...