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ENTRE LA NEBLINA de Miguel Agustín García Menéndez

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El frío se colaba por debajo de la endeble puertecita de madera, por los espacios y ranuras entre cada tablón, haciéndola temblar. La casita, silenciosa, permanecía como en una aparente penumbra que no se alejaba ni con la luz del día. Últimamente había llovido mucho… algo normal en estas épocas del año. El olor del cempasúchil y la canela recorría las callecitas y el aroma de la leña impregnaba el ambiente de noche y de día. De vez en cuando los colores del papel picado o de panes cubiertos con azúcar perforaban en el gris de los días como fuegos artificiales sin sonido. Pero no en la casa de Don Julián; ahí, los jarrones de barro, las flores ya marchitas en sus floreros y los manteles bordados se veían consumidos por una sombra continua, empalagosa y agobiante. Las ventanas llevaban ya un rato cerradas, convirtiendo el aire helado de fuera en un débil aullido; la entrada tenía un tiempo sin ser barrida y la única señal de vida que mostraba era un delgadísimo hilo de humo que salía po...

Contra reloj

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Los hechos y personas de este relato son pura ficción y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. 19:04 La cena. Viernes. En la plaza comían una hamburguesa con papas a la francesa. Los cuatro personajes que estaban sentados eran tres hombres y una mujer. Al parecer de unos 17 o 18 años, universitarios de reciente ingreso. Platicaban acaloradamente sobre el pasado fraude electoral en su ciudad, donde el partido en el poder había falsificado las actas de votación dando como resultado una participación de casi el 90% del padrón electoral que el mismo gobierno integraba. -No hay otra opción que iniciar la lucha en las calles- decía uno de ellos. -Sí, pero evitando desmanes y desórdenes- decía ella. -Pero si no tenemos ni para pagar las hamburguesas- dijo otro del grupo, -¿cómo vamos a juntar gente, volantes o lo que sea para denunciar el fraude?-. Así arreglaban el mundo, sin que el mundo se enterará de sus arreglos. Al final de la cena, se despidieron y cada uno se fue par...

Un rosario con Don Miguel

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Salió tarde de dar clases, como de costumbre, por responder preguntas al final. Vestido con el uniforme de Boy Scout, un poco retro pues usaba calcetas blancas sobre las azules y botas negras cortas. Boina roja un poco ladeada, pañoleta con el clásico nudo turco hecho de tiras de cuero oscuro. Del lado derecho de la camisola gris la flor de lis. Al vernos sonrió con amabilidad y sin más palabras lo seguimos hasta la camioneta pick up Chevrolet 1978 con cabina en la batea. Subimos las mochilas y nos instalamos en los asientos de la cabina del conductor. Don Miguel subió a la camioneta y sin más arrancó y nos fuimos directo al “Valle del Conejo”. Llevábamos una lámpara colemman de gasolina blanca, algo de comida como jugos y leche de bote, cereales, galletas, un cartón de huevos, bombones para la fogata y algunas cosas más que las Guías no se habían llevado para no cargarlas durante la caminata que tenían que hacer desde la parada del camión hasta el punto de acampado. Al salir de Puebl...

El que avisa no traiciona

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El operativo comenzó a las 9 de la noche en la caseta de San Martín Texmelucan. Los agentes de migración detenían los autobuses para verificar si llevaban extranjeros ilegales a la Ciudad de México y de ahí seguir su camino a Estados Unidos. Por eso detenían más a los que venían de Veracruz o Tabasco y a los que fueran directo a la Central del Norte del Distrito Federal. En la noche, con la lluvia cayendo leve pero constante, las linternas con estrobo hacían la parada a los autobuses. No todos se detenían, y en ese caso eran alcanzados por la patrulla de la Federal de Caminos y, ahora sí, que Dios los agarre confesados. Jorge y Lidia se hicieron cargo de un grupo cada uno. Al ver un autobús que viajaba de Mérida a la Ciudad de México corrió Jorge antes de que tomara velocidad después de pagar la caseta y le hizo señas para que se detuviera. Con sus casi 1.90 metros de alto, lentes de botella, chamarra y gorra azules con el logotipo del INM imponía respeto por su actitud decidida como s...

Literalmente muerto de frío

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"Nadie vive en vano, si vivimos para el Señor vivimos, si morimos, para el Señor morimos" Don Albino murió, literalmente, de frío. Su habitación de apenas unos 6 metros cuadrados no tiene ni adornos ni lujos. Solo un calentón de leña, una cama con algunas cobijas de cuadritos, un buró donde caben todas sus pertenencias. Sus perros, que siempre lo seguían, dormían afuera o a veces adentro, dándole calor. La puerta de su casita era de las que se abren con una hoja por arriba y otra por abajo y se pueden cerrar por dentro y por fuera. A la orilla del pueblo, de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua, rumbo a la Colonia Obrera, su calle es lodosa y se llega con dificultad. Yo lo conocí cuando viví en casa del Obispo de Nuevo Casas Grandes, Don Hilario Chávez Joya, q.e.d., durante mi año de misionero en esa ciudad, como seminarista de los Cruzados de Cristo Rey. Estuve ahí de julio de 1985 a julio de 1986. Don Albino, como todos lo conocimos, era un viejito sucio, delgado, de nariz recta...