Contra reloj
Los hechos y personas de este relato son pura ficción y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
19:04 La cena. Viernes. En la plaza comían una hamburguesa con papas a la francesa. Los cuatro personajes que estaban sentados eran tres hombres y una mujer. Al parecer de unos 17 o 18 años, universitarios de reciente ingreso. Platicaban acaloradamente sobre el pasado fraude electoral en su ciudad, donde el partido en el poder había falsificado las actas de votación dando como resultado una participación de casi el 90% del padrón electoral que el mismo gobierno integraba. -No hay otra opción que iniciar la lucha en las calles- decía uno de ellos. -Sí, pero evitando desmanes y desórdenes- decía ella. -Pero si no tenemos ni para pagar las hamburguesas- dijo otro del grupo, -¿cómo vamos a juntar gente, volantes o lo que sea para denunciar el fraude?-. Así arreglaban el mundo, sin que el mundo se enterará de sus arreglos. Al final de la cena, se despidieron y cada uno se fue para su casa, caminando o en camión.20:55 La llamada. Para Roberto, la cena había sido como las habituales, mucho bla bla y poco blu blu, es decir, mucho ruido y pocas nueces. Sus amigos no sabían que para pasar a la acción era necesario estar unidos al Partido o a algún grupo que los tomara en serio. Por eso él se había afiliado al Partido. Después del fraude, las marchas de protesta, el plantón en las oficinas de la Secretaría de Gobernación, la manifestación en casa del gobernador, todo se había intentado y todo había sido en vano, el alcalde del gobierno ya se sentaba en la silla y despachaba desde el Palacio Municipal. Fue durante estos pensamientos que sonó el teléfono de su casa -¡Voy!- gritó para avisar que él contestaría el teléfono. Lo descolgó y dijo -Bueno-. Del otro lado del auricular, en algún lugar, le dijeron -Hola, hoy hay cena en el Restaurante, nos vemos a las 10 en punto-. Como Roberto había reconocido la voz, no preguntó quién era, ni preguntó sobre el lugar pues así llamaban a su lugar de reuniones: El Restaurante, así que se fue a su cuarto y se preparó para dar una buena excusa en casa y poder salir de noche. -Voy a estudiar para el examen de lunes, a casa de "El Burro", yo creo que me quedaré a dormir, regreso mañana por la tarde-. Su mamá consintió con un -Ajá- pues ya sabía que no podría impedir que se fuera, además de que era un buen hijo y buen alumno, siempre metido en cosas medio raras pero nada que fuera malo. Así que faltando uno 20 minutos para las 10, Roberto se fue caminando al Restaurante.
22:00 En el Restaurante. Ya se encontraban en el lugar unas 21 personas, todos muchachos jóvenes, universitarios, de todos los grados y diferentes carreras. La plática era animada. Algunos estaban sentados alrededor de algunas mesas de cuatro personas y otros de pie. El Restaurante o lo que había sido un restaurante servía de salón de juntas para el grupo. Una media hora después llegó uno de los jefes que pidió a todos que hicieran silencio y que acomodaran las mesas y las sillas como si fuera un salón de clases para iniciar la reunión. Así lo hicieron y cuando todo estuvo listo inició la reunión, dando la palabra a otro de los jefes, "el Toro", como le apodaban a raíz de la ocasión en que jugando toro, envistió a todos y quedó ganador. -Compañeros- inició el Toro, -como todos saben el fraude contra el Partido y contra su candidato ha quedado impune y hoy ya nos gobierna un alcalde ilegítimo, tranza y rata. No podemos cambiar eso, tendremos que seguir luchando por todos los medios legales, pero sabemos que no sucederá nada. Sin embargo, los hemos citado aquí porque han demostrado su compromiso y decisión en la lucha contra este atropello a la democracia. Nuestra intención, para no hablar más, es realizar una acción, hoy, esta noche, para demostrar que no estamos de acuerdo con el resultado y para hacerle saber al gobierno que no nos da miedo su policía ni sus espías. Todos permanecían en silencio, atentos a las palabras del Toro. -Así que les vamos a explicar cómo vamos actuar, por lo que les pido que si alguno tiene dudas de lo que haremos esta noche, lo diga y si no quiere formar parte de esta acción se retire de inmediato, no habrá represalias ni consecuencias en su contra. ¡Somos hombres libres que actuamos por convicción!.- Todos aplaudieron y nadie habló ni salió del Restaurante. - Cedo la palabra a Yoni, para que explique la acción que realizaremos.- dijo al fin el Toro. Durante una media hora el Yoni explicó los pormenores de la acción, el rol de cada uno de los implicados y los tiempos en que se debería realizar: la acción consistía en quemar las boletas electorales que se usaron en la elección y que se encontraban en una bodega de la Secretaría de Gobernación custodiada solo por un velador; para lograrlo el grupo se dividiría en los siguientes equipos: los que asegurarían al vigilante para evitar que diera la alerta y se lastimara, los que vigilarían en las inmediaciones del lugar por si hubiera presencia policiaca o de personas que pudieran comprometer la acción, los que entrarían con las cubetas de gasolina para rociarla sobre las cajas de cartón que contenían las boletas electorales, los que arrojarían las antorchas para incendiar el lugar, los que conducirían las Combis para transportar a todo el grupo, el líder de la acción y los que entrarían en acción en caso de haber necesidad de contener alguna acción de la policía o personas violentas. Los tiempos eran muy justos, toda la acción se debería llevar a cabo en 16 minutos: 6 para asegurar al vigilante, 4 para rociar las cajas con gasolina, 2 para arrojar las antorchas, 4 para subir a las Combis y dirigirse a los lugares donde se dispesarían los contingentes. Los tiempos de traslado serían de aproximadamente 40 minutos del Restaurante a las bodegas y de unos 30 minutos de los lugares donde los dejarían para que en parejas se fueran cada uno a sus casas. Después de las preguntas y dudas, se les ordenó ir al baño, comer algo de pan y tomar agua para salir en cuanto se les diera la orden. Se les recogieron las carteras y cualquier otro documento que los pudiera identificar y se les dio el nombre y el teléfono del abogado que les podría ayudar en caso de que fueran cogidos por la policía o la judicial o algo así.
02:12 La acción. Justo a esta hora, el Toro entró de nuevo al Restaurante y les gritó -¡Listos! ¡A sus puestos!- Cada uno sabía ya su lugar y su equipo, la Combi que le tocaba y el asiento que debía ocupar. Iniciaron el trayecto en silencio, mirando hacia afuera, atentos por si veían alguna patrulla o coche con judiciales. La adrenalina los mantenía atentos y vigilantes, sin sueño. Cada kilómetro recorrido hacía que su emoción fuera en aumento. Se les había indicado que no pensaran en la acción hasta llegar al lugar indicando, para evitar confusiones. Unos pensaban en sus estudios, otros en sus novias, otros en la próxima fiesta después de exámenes, cada cual en lo suyo. De pronto la Combi disminuyó la velocidad y a todos se les aceleró el pulso. Un poco de sudor frío corrió por la frente de alguno y otros bostezaron de nervios. El conductor paró la Combi en el lugar indicado y les dijo que permanecieran allí, callados, listos, en lo que el equipo indicado aseguraba al vigilante. No habían transcurrido más de 3 minutos cuando el Ford en el que viajaba el Yoni prendiera sus luces tres veces para indicar que pasaran a la siguiente fase. De la Combi bajaron los responsables de rociar con gasolina las cajas con las boletas electorales, apenas llegar a la puerta de la bodega que daba a la calle, recibieron la cubeta con gasolina, entraron en el orden indicado y rociaron las cajas, después arrojaron las cubetas sobre las mismas cajas para que se quemaran y no quedaran como evidencia. Al salir uno de ellos tropezó con uno de los del equipo de antorchas, que ya habían entrado y esperaban a que saliera el último para aventar las antorchas hechas de una estopa remojada en gasolina atada sobre un pequeño palo de escoba. Tiraron las antorchas y de inmediato empezó el incendio. Ya estaban todos fuera, subiendo a las Combis, cuando al voltear vieron la llamarada que consumía las cajas dentro de la bodega. Arrancaron las Combis y cada uno se dirigió a su destino para dejarlos, en parejas, en lugares seguros para que se fueran a sus casas. A cada uno de los muchachos el tiempo se le había hecho eterno, fueron los minutos más largos de su vida y al mismo tiempo más vertiginosos. Al bajar de la Combi junto con su compañero de trayecto recibieron sus carteras; Roberto, aún tenía la imagen de las llamas consumiendo las boletas del fraude electoral. Olía un poco a gasolina, pero al llegar a su casa metió su ropa en una cubeta con agua y le puso jabón roma para que dejara de apestar. No pudo conciliar el sueño hasta casi llegar el amanecer, su mamá ni cuenta se dio que no se había quedado en casa de "El Burro" para estudiar. Al otro día, al despertarse, tomó su reloj de pulsera del buró y se dio cuenta que la hora aún marcaba las 02:12 am del día anterior.
04:36 Bomberos. A esta hora llegaron los bomberos, por la llamada que hizo el vigilante ya liberado. Junto con los bomberos llegaron los judiciales y la policía ministerial. El vigilante solo pudo relatar los que le sucedió -Me cogieron por la espalda unos cabrones, me pusieron un costal en la cara para no ver, me sacaron de la bodega y luego, cuando me dejaron, vi que la bodega se estaba quemando-. La policía y la judicial solo encontraron las asas de las cubetas, chamuscadas. La ministerial abrió el caso por oficio, pero no sucedió ninguna detención o acusación. El alcalde solo dijo que lamentaba el incendio que había consumido las boletas electorales que le habían dado el triunfo en las pasadas elecciones e insisitió en que se realizaría la investigación pertinente para dar con la causa del incendio y en su caso, con los responsables. -Pero nuestra democracia es más fuerte que el fuego que ha consumido las boletas, pues la voluntad del pueblo expresada en ellas, sigue viva en nuestras acciones de gobierno en favor de los más pobres y por la grandeza de nuestra ciudad- dijo, con una sonrisa sardónica en el rostro.


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