Negocios que no son negocio

 

Los hechos y los personajes que aquí se cuentan son pura fantasía. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.


El conecte.


En la mesa estaban sentados Germán, amigo de Gonzalo, Jesús la gente del Partido y yo. Esperábamos a que llegara el Dr. Juan Carlos, el comprador. La cita era a las 7 pm y ya eran las 6:55. Como nadie quería pagar el café, todos dijimos que esperábamos a otra persona. Cuando llegó Juan Carlos, a las 7 en punto, ya no hubo pretexto. "Cada uno un americano, por favor". Después de las concebidas presentaciones, Jesús fue al grano: "para la campaña se necesitan 100 millones de playeras campañeras para entregar en 2 meses, de algodón, de 100 gramos por metro, con doble costura y cuello redondo. El Doctor es el encargado de la compra y quiere ver si podemos surtir el pedido". Habló entonces el Doctor: "somos un grupo, a partidista, que hacemos negocios; estamos en el grupo el hijo del Ingeniero Salim, uno de los yernos de Don Manuel Bartolet y el hijo menor de Andrés; como ven, estamos en todos los partidos con los mejores contactos, ¿nos pueden surtir el pedido". Germán, que me había invitado, me preguntó en voz alta: "¿cómo ves, podemos?" Yo tomé la palabra y pregunté cuestiones técnicas del negocio como el anticipo, la forma de pago, con factura o sin factura, tiempos y lugares de entrega, precio esperado por pieza, etc." Me habían invitado porque sabían que yo había hecho importaciones y exportaciones y porque era una persona "creíble, con expediente limpio, sin militancia en el partido". A cada pregunta Juan Carlos respondió de manera correcta y creíble: "Se daba el 50% de anticipo mediante carta de crédito, el resto se pagaba contra las entregas parciales, se requerían 10 millones de playeras por semana, para surtir todo en 10 semanas, entregando en bodega en la Ciudad de México en el Campo Militar Número 1 o donde nos dijeran, sí se necesitaba factura y el precio esperado era de 15 pesos por pieza". Le pedimos una semana para poder verificar la posibilidad de hacer el negocio. Juan Carlos, como debía ser, pagó la cuenta con un billete de a 500 pesos nuevecito, se fue con Gonzalo y Jesús y nos quedamos los demás. Antes de irse, Juan Carlos me dio su tarjeta y pidió a la mesa si podía él tener comunicación directa conmigo para no triangular, petición que todos aceptaron.

Digno de confianza.

Al otro día, lo primero que hice fue verificar si el tal Doctor Juan Carlos era real y su petición real. Todo parecía indicar que sí: buen coche, pluma y portafolio Mont Blanc, Rolex y guayabera fina, buenos modales, educado, con dinero. En la plática mencionó a un conocido mío, a Sergio Jaramillo, a quien conocía bien, así que le llamé a Sergio para saber si conocía al tal doctor y si sabía qué tipo de negocios hacía. Me dijo que sí lo conocía, que vivía a cinco casas de la suya, que sí tenía la fábrica de block ecológico y que sabía que hacía buenos negocios y era de fiar. Esta referencia me tranquilizó y me dio seguridad.

Cotizar playeras no es difícil, pedimos cotizaciones, buscamos a fabricantes, pedimos cotizaciones en la India, Vietnam y en la frontera. También con los fabricantes de Tlaxcala y Puebla. Todo parecía razonable, lo único complicado era el volumen: 100 millones. Una vez armada la cotización, pedí la cita y nos volvimos a reunir. Esta vez solo Juan Carlos, Germán y yo. En otro café, en Plaza Galerías. Al llegar a la cita ya estaba el Doctor esperando, despidió a unas personas y comenzamos a platicar. Nos contó de su esposa, de quien estaba separado pero en buenos términos, de su novia de Puebla que nos presentaría en su momento, de sus anécdotas con el General Cienfuegos. Luego, pasamos a lo nuestro, yo le presenté la cotización y él me dijo que estaba bien, que sí le interesaba pero que tendríamos que formalizar la compra con la firma de un contrato. Yo acepté y definimos que yo sería el vendedor y el Doctor el comprador, que yo propusiera los términos del mismo. Nos despedimos y, nuevamente, el pagó con otro billete de 500 pesos nuevo.

La ambición.


Para firmar el contrato tuve su credencial de elector y un comprobante de domicilio. No coincidían porque, dijo, estaba rentando la casa y el domicilio de su credencial era el de su casa en Agua Dulce. Como testigos se prestaron Germán y Gonzalo. El contrato, por 100 millones de playeras, a $12.60 cada una, más I.V.A., para entregar en dos meses, con anticipo del 50%, se firmó en la Notaria 2 de San Andrés Cholula, Puebla. Incluía penas por retraso, por material defectuoso y garantizaba el pago mediante carta de crédito a favor mío. Todo parecía bien, es más, ya casi nos veíamos con el dinero en la mano. Al salir de la Notaría, saludamos a Sergio y a Jesús, que habían llegado para firmar algunos documentos. El Doctor dijo que se quedaría a ver otros temas con el Notario y nos fuimos.

Todo parecía de sueño, el negocio de nuestra vida. De los 12.60 pesos por playera, nos quedaban 1.40 pesos para repartirlo entre los involucrados: Germán, Gonzalo y Jesús se llevaban el 50%, yo el otro 50%. Multiplicando, la ganancia sería de 7 millones de pesos y restando el 30% de impuestos, para no tener problema con Hacienda, sería de 4.9 millones de pesos.


Ya solo restaba esperar a que nos dieran el anticipo, en unas tres semanas. Mientras tanto, habría que afinar con los proveedores de la India y con su intermediario, un comerciante de Ciudad Juárez, radicado en el Paso Texas, así que me fui para allá a conocerlo, conocer su negocio y cerciorarme de la entrega. La cita fue en el aeropuerto de Ciudad Juárez, por seguridad, y ahí tuvimos la reunión. Me llevó muestras de playera, documentos de su empresa, su acta constitutiva, sus documentos para elaborar un pedido formal, su pasaporte, el de su socia, su comprobante de domicilio. Todo cuadraba. Así que ya teníamos negocio: un comprador, un vendedor y un bróker o intermediario. ¡A pedir de boca!

El desengaño.


Lo que siguió fue un ir y venir, conocer más y más gentes en la Ciudad de México, en Reforma, en oficinas de lujo, en Dependencias de gobierno en cuarteles y zonas militares, pero del dinero para el anticipo, ¡nada! Siempre había un pretexto: que el dinero lo estaban transfiriendo de una cuenta de Dubái a Alemania y de ahí a una cuenta a Panamá y luego a México. Que el dinero mejor sería entregado en remesas. Que se pagaría en efectivo. Que el comprador quería ver las playeras. Que no se pagaría nada hasta no ver 100 mil playeras puestas en la Ciudad de México en una bodega de Iztapalapa. Desanimado, dejé de "perseguir" el negocio después de 3 meses de ilusiones. Mis amigos no. Me enteré, después, que a todos los que conocí y que me presentaban como contactos del Doctor no eran sino ingenuos que le pagaban 10 0 15 mil pesos cada vez que los veía porque él no traía dinero y necesitaba resolver un problema urgentemente. Con todos firmó un pedido de 100 millones de playeras, en total serían como ¡3 mil millones de playeras! Cuando a mí me pidió los 15 mil pesos, por fortuna no los tenía y no se los hubiera dado, al minuto siguiente, me borró de su lista. Cuando uno de los engañados en Puebla me pidió que lo acompañara a la casa del Doctor para hablar con él, nos dimos cuenta que la casa estaba vacía, le preguntamos al vigilante y nos dijo que esa casa llevaba vacía como dos años. Nos asomamos y estaban tirados en el suelo recibos de CFE, de Telmex, de despachos de cobranza del banco a nombre de otra persona. Obviamente el Doctor no contestaba a su teléfono, no tenía Facebook, ni twitter ni redes sociales. Un día, vimos su camioneta en el CCU, nos esperamos para ver si llegaba, pero no fue así, se subió una señora y se fue. 

¿A cuántos estafó? No lo sé. ¿Cuánto tiempo le llevó la estafa? Tres meses. ¿Lo han vuelto a ver? No. ¿Cuántos se desilusionaron? Todos. ¿Cuántas amistades rotas? Todas. ¿Que nos mató a todos? La ambición, el dinero fácil, la ilusión.

Publicado el 3 de febrero de 2020 en mi blog EL DESEO PIDE CUMPLIMIENTO

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