Asalto a la Logia
Pero como siempre hay un imprevisto, unas horas antes se les había juntado Manuel, un compañero de la carrera, foráneo, que era más sospechosista que el que más. Así pues, tuvieron que juntarlo y decirle que vigilara desde la taquería que estaba cerca. Obviamente tuvieron que darle unos pesos para que se comprara unos tacos para no parecer mas sospechoso de lo que ya parecía y decirle que no se fuera ni los buscara hasta que cerraran el negocio.
César llegó mas tarde con el coche después de haber discutido con su hermano y darle una buena justificación. En el coche pensaron que la ruta de huída sería hacia la casa de Juan que estaba relativamente cerca de la Logia. Asi pues, se subieron al coche y se fueron derecho a la Logia.
Estacionaron en la privada con la que hacia esquina la vieja casa que alojaba las sesiones de los masones, debajo de una lampara de luz. El coche se quedó encendido por si tenían que huír rapidamente. El Arturo y Juan bajaron del coche y fueron caminando hacia la entrada lateral de la casa, no la principal. Brincaron la pequeña reja como de un metro de alto y ya dentro del jardín corrieron hacia el fondo de la casa hacia un ventanal que se se ocultaba con la sombra de un gran árbol y la sombra de la noche. Por suerte la ventana estaba abierta, asi que solo la empujaron para poder dar acceso al interior de la casa. Arturo se quedó afuera vigilando si alguien venía y convinieron en que gritaría si fuera el caso de tener que salir corriendo.
Juan entró a la casa, por la ventana abierta, y cayó en un pequeño cuarto que parecía una bodeguita con cajas y papeles. Ya dentro lo alcanzó Arturo y juntos fueron caminando hacia la sala de reuniones. En ella habia diferentes adornos colgados en las paredes: cabezas de venados con cuernos, escudos de armas, banderas de colores y una gran manta con el compás y la escuadra bordadas con hilo de oro. La penumbra de las luces de la calle hacía que la sala tuviera un aspecto siniestro y misterioso. Luego caminaron hacia unos cuartos que se usaban como oficinas y en uno de ellos, ¡eureka!, estaba el archivero de metal gris y sus cajones podían abrirse pues no tenían llave.
Se instalaron en la oficina y se pusieron a buscar entre los nombres de los adscritos a la Logia, escritos en la cejilla de los folders. Después de revisar algunos pocos, dieron con dos nombres que reconocieron. Llenos de emoción por el descubrimiento, decidieron llevarse todos los folders y alguna caja más con documentos que, después supieron, eran actas de reuniones con acuerdos y compromisos.
Tomaron la caja y los folders y salieron de la misma forma que entraron. No hubo contratiempos pero la adrenalina que aceleraba su pulso y neuronas les hizo correr hasta el coche, cerrar las puertas y salir a toda prisa a casa de Juan, para resguardar el precioso botín.
Llegados a la casa, a eso de las 11 de la noche, se fueron directo al cuarto de servicio. Durante un par de horas revisaron los documentos y llegaron a la conclusión de que lo mejor sería entregarlos a los encargados de "información" de Fuerza Renovadora, grupo creado para preservar la juventud de las malas influencias del enemigo.
Al día siguiente entregaron los documentos al jefe de Fuefza Renovadora, un hombre más f.aco y maci,ento que el Hidalgo de Triste Figura y fueron objeto de una breve felicitación y una enorme reprimenda por haber planeado y realizado una acción sin conocimiento y consentimiento de los dirigentes responsables. Sin embargo dentro de su grupo, fueron reconocidos como arriesgados y aventurados, de modo que pudieron formar parte de otra acciones que en otra ocasión contaré.

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